En mi ubérrimo amor
hierran los dolores mi alma,
y entre las ánforas de tristezas mi colosal angustia
me abraza como hiedra.
Ínclitos gritos de penas
ahogan mi esperanza en mi ciclópeo profundo,
y mi áurea derrota final
será la causa de mi tenebroso crepúsculo.
¡Oh, dolor!
¿quien te invito a morar en donde no tienes morada?
¿quien te abrió las puertas del alma
para que la atormentes sin causa?
¡dímelo!
y si es buena tu excusa quizás pueda aceptarla....
Si en mi epopeya melancólica no digo
¿entonces donde diré para expresar?
en mi permuta de gozo a desilusión vivo
como un ermitaño enfermo
que no sabe ahora a donde
va ni tampoco mañana de donde vendrá.
¡Ah ya se!
cantare, si,
y mi melopeya será sensible,
será símil al canto celeste,
y a la nota perfecta
¡oh! mi cantar será elocuente,
y mi voz quebrantada entonara
con angustia la canción desesperada.
Reciproco será mi verso hecho canción
con las notas suaves del viento,
será equitativa la añoranza de tenerte
pero dulce también la metáfora
de tu imagen para siempre....
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