Dejaste, ¡oh! tu alegoría
y mi antígeno fue tu florido sépalo
que en el canto del viento como un aliciente
me dediqué a darle notas a la mandolina,
Fecunda las letras del fondo fluyeron
los puntos y comas del verso mío doliente,
que por la teoría de un mal pensamiento
de aquella que amaba nublara su mente...
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