Por donde quiera
que escudriño este amor
me encuentro siempre con el dolor
de no poder amarte
¿y sabes porque?
porque entiendo
que las flores no solo se marchitan,
si no también que espantan
las posibilidades
de un grato suspirar,
por lo tanto: ya no entrego el alma
para amar,
si no solo para que la amen.

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