¡Oh mujeres de vírgenes vientres!
yo os amo, yo os quiero no dudéis de mí.
cuerpos vírgenes de sangre caliente,
que lleváis el pensamiento esclavo y ardiente
sobre el fuego del deseo
en sus frescas e inexpertas mentes,
en donde la fantasía
del excitante pensamiento,
no os hace más que sembrar la idea
del esperado y soñado momento,
en que vuestros cuerpos sean fundidos
con el látigo deseo de los besos ardientes
y las caricias de fuego.
¡Oh vírgenes mujeres!
que soñáis con los labios
que rosen sus delicados cuellos,
y que sus labios sean rosados
con la divina boca que encienda
en sus pieles el candente sueño,
de pasiones fuertes
y encendidos manoseos.
en donde quepa el beso
que despierte el momento exacto
de una tarde o noche excitante
de experimentados gemidos
y sensaciones que quemen.
¡Oh Vírgenes!
¿Acaso no sabéis que la pasión enciende
y el beso despierta?
¿O ignoráis que las caricias traicionan
las buenas costumbres del cuerpo educado?
No digáis nada y callad!
levantad vuestras frentes
y venced el deseo que despierta
la pasión que se enciende
obligando a oscurecer la mente
a través de seductores besos
que no hacen más que inquietar
la piel y alborotar las hormonas
que duermen profundamente.
¡Oh Mujeres de vírgenes vientres,
que no sabéis discernir
si la hora es pasajera
o el momento eterno.

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