Era un día cálido lleno de sol
cuando de pronto apareció del cielo
un impactante rayo de luz,
que llevaba entre sus labios encendido un tizu...
¡Y eras tú!
Y un hombre que triste de dolor gemía
se impresionó al ver la luz que destelló
quedando en silencio por tan hermosura,
elevó la vista anhelante, suspiro,
y enamorado tras ella prosigió...
¡Y era yo!

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