Mujer,
divina flor de los jardines imperiales
en donde la primavera enamorada
sus dulces cantos improvisa,
perla de los mares,
en donde el viento sus alas de amor extiende
y nos envuelve regalando el sutil encanto del sentimiento puro,
al pensamiento que te busca y te entiende.
Amor,
a ti las blancas nubes del azul celeste
el canto perfecto de las bellas aves,
y el sol naciente del poniente eterno.
a ti las más sublimes flores de los parques ducales
el inmenso mar azul y el sonido de sus melódicas olas
y el incomparable brillar de las estrellas nocturnas.
Amada hermosa,
¡que me regalas este pensamiento!
enamorate de mí canto sonoro.
en donde reposen mis sentimientos
al compás de las letras de oro.
luz de mi alma,
fecunda dama de virtudes mágicas
que tienes el don de poner el amor
en donde solo existen lágrimas.
amapola de mi jardín, en donde el colibrí
te besa el néctar exquisito,
y me regala la gracia de desearte
sonriente y enamorada de aquel
que callas pero sabes que te ama,
y que amas tanto con tan solo mirarte.
Yo te diré en mi poesía
que son felices las lágrimas que lloro
y no son de tristeza ¡no!
son de lo mucho que te añoro.

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