¡Declaro! que los relámpagos también hablan
Señora mía.
Que las hojas al igual que las flores
también aromatizan,
que el ave que canta con su delgada garganta
También enamora,
y acaricia apacible el encanto que nace.
¡aclaro! que el labio que besa con potestad directa
puede decir un adiós.
y que el sonido del río con su lírica nota
puede cantar sin voz.
¡señora mía! sepa usted, que nada es apología
si no psicología, para comprender las intenciones
del alma y del amor.

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