Ella, la que dice ser humana,
la que descaradamente
hizo conmigo lo que le dio la gana,
jugó con mi amor y se burló de mi alma.
Ella, que fingía un puro sentimiento,
no fue más que una desventurada
que me golpeó el corazón como un fuerte viento
y me dejó la vida embancada.
Ella, la que no sabe de clemencia
es solo una mujer que no sabe nada
la que vive y llora con su impaciencia
mostrando como carnada afectos de indulgencia.
Ella, la que juraba un amor leal,
fue luz pero más oscuridad
me dejó como ciego sin andar
y yo tonto que a merced creí en su verdad.

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