Bella, bella, la preciosa mía.
ese deleite de tu suspirar,
en donde los pajarillos
se suelen inspirar para cantar,
como un arroyo de agua mineral
y los ruidos de los ríos con su brisa
a manantial.
Bella, bella, la adorada sin igual.
un encanto para el ojo del rosal,
en donde el viento
se torna delicado sin apresurar,
como caricia de la hoja de azahar
y los vuelos de las hadas que al reír
nos obsequian su deidad.

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