digo yo: mapa de mi perdición, ¡oh dueña mía!
pradera de mis valles
por favor dime que me amas, no lo calles,
un himno es tu voz, vigor de mi alma,
hostia bendita que mi boca consagra,
eres el perfume mío
la calma que me abraza cada día,
el pan de mis días
el agua de mis noches encendidas.
Preciosa mía, ¡oh, fuerza insuperable! te beso,
desde las esencias de mis profundidades, incansablemente te
amo,
eres el cordel de oro que nos amarra y nos une…
¡Ay! como te deseo sin límites, porque eres mi fuego,
es lírico el nombre que de mis labios al tuyo pronuncian
diosa de mi templo,
ánfora de mis sueños,
manantial de mis ilusiones vivas,
te tengo y lo sabes en los montes de mis versos.
¡Amada, poesía fecunda del amor nuestro! delicada,
expreso entonces: brújula de nuestro norte
y nuestro sur, ¡oh mi luz!
y nuestro sur, ¡oh mi luz!
escondite del deleite enamorado
mántenme siempre a tu alma amarrado,
tonada de mí oír, inspiración de mi canto,
pronunciación continúa de tu nombre a mil por día,
llegas siempre que no estás a mi rincón
como un aire delicado y con amor,
llegas como alondra y te vas como luciérnaga
regalándome un canto de amor y una luz de despedida.
Bella y hermosa, ¡ah, indulgencia preferida! te adoro,
más allá de los límites permitidos; insuficientemente te
venero,
eres el cáliz dulce que embriaga de amor nuestras ansias...
¡Oh! es inevitable sentir la armonía de saberte mía,
es apacible la tonada del recuerdo
cuando pienso en tus sonoras carcajadas
cuando pienso en tus sonoras carcajadas
mariposa de mi jardín,
gaviota de mis suspiros
fuente insaciable de ternura en aumento,
soy tuyo en los confines dentro de tu puerto.

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