sábado, 14 de febrero de 2015

CABALGUEMOS TU Y YO



Ámame, amor mío con ímpetu,
como el mar a sus olas
en la brisa de su espuma,
en donde no existe la penumbra negra
de un éxtasis afligido
y solamente se aparean las ansias con los anhelos
de una fuente inagotable de sueños exiliados…

Entrégate, amada de mi vida,
con la certeza de tu esperanza
de la misma forma que lo hace la luciérnaga
en la noche calmada que llega cuando el sol descansa
de su labor ardiente y desbordante,
cuando yace la luna sembrando en el firmamento la locura
del nacimiento de una alborada de un amor peregrino.

Descontrólate, bien mío, como la furia del viento,
con la fuerza intensa de un soplo del cielo
en las paredes rojas ardientes de nuestro amor exagerado,
en donde duerme la brisa de las ansias
bajo el cobijo de los hilos de la esfera de nuestro idilio
que desarruga el manto de la soledad aquella
cuando vacío nuestro adentro ansiaba un sentir sumiso.

Ansíame, tesoro de mi cofre, como la rosa a la abeja,
en donde la dulzura se comparte
sin reclamos de entregarse,
en la unión exacta de un beso azucarado
bajo el sabor único de un manjar incomparable,
en donde las aguas de nuestras ilusiones se junten
formando un mar insecable de un amor infinito.

Cabalguemos, tú y yo. Bajo el calmo universo,
que es el lienzo de un pacto invernal,
florido y espeso, lírico en su verdad,

Saeta será nuestro andar clavado en el horizonte inmortal,
en donde tu poesía y mi verso estandarte serán
bandera exhibida ante los ojos del bien
escudo de bronce ante las conspiraciones del mal.


No hay comentarios:

Publicar un comentario