¡Ay, Dios dije! Cuando mis ojos la vieron,
yo estaba muerto y reviví…
en la majestad de sus ojazos,
sin aprenderme el camino me perdí,
y ahí me quedé, y ahí estoy y ahí moriré…
¡Oh, señor exclamé! Cuándo en ella me perdí,
toda ella, era vida y sonreí
sobre el firmamento de su encanto...
no pregunté nada que yo no supiera sin saber,
y fue entonces el principio de un sentimiento y proseguí...

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