¡Oh, aquella mujer! ¡ay, aquellos labios! ¡Dios mío
aquel cuerpo!
y toda ella, y yo mismo contemplándola,
todo en su persona con hambre de un puro amor.
Te enamoran los aires mujer, el gorrión
te dedica su cántico
su mejor tonada te regala el viento.
Y te dicen aventurada hermosa
que das el beso
que en el alma reposa, y te aplauden las aves.
Y me recuerdo del instante único
en donde yo moría por echarte el brazo
y que todos vieran que eras solo mía.
No callo tus misterios pero si guardo tus secretos
¡oh, mujer! no ves tú,
que soy verso y que mi canto es poesía…

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