regálame el beso de tu boca de ninfa,
ese beso blanco que en mis noches eternas
suspirar me hace.
Canta la luciérnaga, y mi canto al de ella se une;
y te pienso, y te lloro.
Yo necesito tus labios para que me des el rose
que en mi frente añoro.
En el cristal del pensamiento te veo y te toco,
pero no te beso para no empañar
el cristal y nublar tu rostro,
el cristal y nublar tu rostro,
todo tiene su forma ideal y una consecuencia;
la tuya fue perderme después de engañarme
la mía fue renunciar a ti después de amarte.
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